Dentro de la mente estética: la Dra. Fátima Agüero habla sobre la versatilidad, el prejuvenecimiento y los cuidados estéticos emocionales
En esta edición de Dentro de la mente estética, nos reunimos con la consumada dermatóloga Dra. Fátima Agüero, conocida por su enfoque ético, profundamente personal y orientado a los resultados en la atención a los pacientes. Abarcando desde la transformaciones de cicatrices de quemaduras, hasta la filosofía del prejuvenecimiento, la Dra. Aguero une ciencia y compasión en cada consulta.
Esto es lo que ella nos cuenta.
¿Cuál es su plataforma Alma preferida y por qué?
“Aunque me encanta el láser de CO2, mi dispositivo preferido es sin duda el Alma Harmony. Es increíblemente versátil. Lo utilizo para todo: desde onicomicosis y vitíligo hasta acné, cicatrices, rejuvenecimiento, e incluso para administración de medicamentos. Harmony puede ayudar a tratar casi todo lo que se ve en la consulta”.
¿Cuál es un mito común sobre los tratamientos estéticos que le gustaría desmentir?
“Que una vez que se empieza un tratamiento, termina atrapado en él para siempre o, peor aún, que se acabará teniendo peor aspecto si se interrumpe. Eso es completamente falso”.
La Dra. Agüero cree en el poder de la prevención, y hace hincapié en lo que ella llama “prejuvenecimiento”: tratar el envejecimiento antes de que se marque profundamente en la piel.
“Es como ir al gimnasio. Si se deja de ir un tiempo, seguro que se nota una diferencia. Pero seguirá estando en mejor forma que si no hubiera ido nunca. Lo mismo ocurre con la piel. Cuidarla con constancia siempre la dejará mejor a largo plazo”.
¿Puede contarnos alguna historia de éxito de un paciente que le haya impactado?
“He tenido varias, pero lo que más me emociona es trabajar con pacientes que tienen cicatrices faciales por traumatismos o quemaduras”.
Comparte la historia de tres pacientes en particular, personas que creían que nunca volverían a mostrar su rostro sin maquillaje.
“Trabajamos juntas durante varias sesiones y, poco a poco, su piel fue cambiando, pero lo más importante es que su confianza fue aumentando. Hoy salen de su casa con la cara limpia, sin maquillaje y sonriendo. Eso es lo que uno siempre recuerda. Su alegría es la mayor recompensa”.
¿Cuál es su mejor consejo para otros profesionales de la estética?
“Nunca dejar de aprender. Estudiar, leer, formarse. Ser excelente en lo que uno hace. Y nunca sacrificar la ética por las modas o las ganancias”.
Para la Dra. Agüero, la formación continua es solo una parte de la fórmula. ¿Y la otra? Mantener siempre los valores de poner al paciente por encima de todo.
“El éxito llega cuando se combinan ciencia, empatía e integridad. Eso es lo que genera una confianza y un impacto duraderos”.
¿Qué la inspiró a dedicarse a la estética médica?
“La capacidad de ayudar a las personas a sentirse mejor consigo mismas. Ese es el verdadero poder de la estética”.
Para ella, la estética no se trata solo de la piel; es dar a las personas las herramientas para proyectar quienes realmente son, con confianza.
“No perseguimos la perfección. Acompañamos a los pacientes en el camino hacia su mejor versión”.
¿Hay alguna filosofía personal que la guíe en su práctica diaria?
“Realzar, mejorar, no transformar”.
Ella considera que los tratamientos estéticos deben respetar la individualidad del paciente. Los resultados sutiles y seguros siempre son mejores que los cambios exagerados.
“El mejor cumplido que puede recibir un paciente es: ‘Estás increíble’, y no ‘¿Qué te has hecho?’”
Y por último, ¿cómo ve la evolución del futuro de la medicina estética?
“Vamos hacia la precisión. Creo que pronto podremos dirigirnos a vías cutáneas muy específicas —para activarlas o inhibirlas— en función de la biología única de cada persona”.
Ella prevé un futuro en el que la personalización sea aún más profunda, fusionando la dermatología, la ciencia molecular y la tecnología.
“Pero aunque la tecnología avance, el ojo humano y el juicio clínico seguirán siendo igual de importantes. Siempre debemos combinar la innovación con la intuición”.
La Dra. Fátima Agüero nos recuerda que el verdadero cuidado estético nunca se trata solo de procedimientos. Tiene que ver con las personas, el propósito y el poder silencioso de ser visto.